Un bootkit burla Secure Boot en Windows parcheados
Tener todos los parches no bastaba: faltaba un paso manual que Microsoft apenas explica. Puede haber muchos más equipos expuestos sin saberlo.

Las organizaciones infectadas por BlackX, un nuevo bootkit UEFI descubierto por la empresa de seguridad Kaspersky, habían hecho lo que se espera de cualquier administrador responsable: instalar todas las actualizaciones de Microsoft. Aun así, según cuenta Ars Technica, el malware consiguió saltarse Secure Boot y arrancar su propio código antes que Windows. El motivo no es un fallo nuevo, sino uno de 2022 que Microsoft nunca terminó de cerrar del todo por defecto.
Un malware que vive por debajo del sistema
UEFI es el firmware que se ejecuta nada más encender el ordenador: prepara el hardware y pone en marcha el sistema operativo. Una de sus funciones es Secure Boot, que construye una cadena de confianza comprobando la firma digital de cada pieza de software de arranque antes de dejarla ejecutarse. Entre esas piezas está el gestor de arranque de Windows.
Tanto BlackX como su predecesor, BlackLotus, aprovechan «Baton Drop» (CVE-2022-21894), un fallo lógico en el gestor de arranque de Windows que permite esquivar Secure Boot y, en ciertas condiciones, extraer las claves de cifrado de BitLocker. BlackLotus fue en 2023 el primer bootkit UEFI documentado públicamente en ataques reales capaz de saltarse Secure Boot en Windows 11 actualizado.
Lo que hace tan valiosos estos bootkits para los atacantes es que se ejecutan muy pronto en el arranque y cargan controladores maliciosos en el núcleo de Windows antes de que estén en marcha muchas de las defensas del sistema. Según Ars Technica, son difíciles de detectar sin herramientas especializadas y pueden sobrevivir a una reinstalación del sistema si la partición de arranque infectada queda intacta. Necesitan que el equipo haya sido comprometido antes, pero a cambio ofrecen sigilo, persistencia y un control amplio sobre el sistema.
Parches que no protegen si no se activan
Microsoft corrigió el fallo en 2022, pero no retiró la confianza en el certificado con el que se firmaron los gestores de arranque antiguos y vulnerables. Ese hueco es el que explotan estos bootkits: basta con cargar un gestor viejo, firmado y todavía aceptado.
En 2023 la compañía añadió un nuevo certificado, Windows UEFI CA 2023, y en 2024 ofreció la forma de meter el antiguo, Windows Production PCA 2011, en la lista de firmas prohibidas de Secure Boot. Pero no aplicó esa revocación de forma automática: temía dejar sin arrancar a potencialmente millones de dispositivos que no hubieran recibido antes las actualizaciones necesarias. El resultado, según Ars Technica, es un purgatorio que dura ya años: las actualizaciones solas no protegen y hace falta un paso manual adicional descrito en un artículo de soporte de 2023.
«Esta práctica de despliegue de parches crea un problema, porque es extremadamente inusual que un administrador de sistemas dé pasos adicionales tras instalar una actualización», escribe un investigador de Kaspersky. Añade que las instrucciones para activar el parche están «enterradas en lo más profundo de la web de Microsoft» y que resultan difíciles de ver para un administrador medio.
Un portavoz de Microsoft remitió a Ars Technica a un artículo de soporte publicado recientemente, que, según el medio, no advierte en ningún momento de que los parches publicados hasta ahora no protegen frente a Baton Drop. Tampoco queda claro cuál es la situación de los usuarios domésticos de Windows.
Una cadena de confianza con una sola llave
El caso deja a la vista el equilibrio incómodo en el que está Microsoft: revocar el certificado antiguo antes de que el nuevo esté instalado convierte el equipo en un pisapapeles caro; mantenerlo en vigor durante años hace casi inevitable que alguien lo explote. Ars Technica sugiere un punto intermedio que no se ha dado: explicar con claridad el riesgo de no revocar a mano el certificado de 2011.
Kaspersky cree que quienes están detrás de BlackX contaban con eso. «Es probable que el actor de esta campaña tuviera en cuenta que pocas organizaciones se dieron cuenta de la importancia de activar manualmente el parche de Baton Drop», señala, y por eso habrían invertido tiempo en entender BlackLotus y crear una copia.
La confianza en el arranque de millones de ordenadores depende de qué certificados acepta Secure Boot, y en Windows esa decisión y su comunicación pasan por Microsoft. Cuando esa comunicación falla, quien paga es quien creía estar protegido.
Fuente: Ars Technica
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